¿Por qué nos enfermamos más en invierno?

Salud 11 de julio Por
La Asociación Argentina de Medicina Respiratoria explica mitos y realidades acerca de estas infecciones respiratorias, como reconocerlas, prevenirlas y tratarlas.
resfrio

Es evidente que durante el invierno ocurre un incremento significativo de las infecciones del tracto respiratorio. El motivo del mismo es lo que se denomina “aumento de la circulación viral”, es decir, estos diminutos microorganismos encuentran en esta época del año condiciones excepcionales para su persistencia en suspensión en el aire y la transmisión por esa vía o por contacto a la vía respiratoria de otras personas. 

¿Por qué nos resfriamos tanto todo el año? El aparato respiratorio está sometido a una intensa exposición a un gran número de elementos en suspensión, incluyendo virus y otros microorganismos presentes en el aire que respiramos (cerca de 10.000 litros por día). Las vías aéreas poseen poderosos mecanismos de vigilancia y protección que evitan que suframos muchas más infecciones. Teniendo en cuenta todo esto, los no menos de cinco o seis episodios de infecciones virales que sufrimos por año las personas expuestas, resultan en realidad llamativamente pocos en relación al riesgo que se corre.

Los virus, cuando sobrepasan los mecanismos de defensa, se adhieren a la superficie de las células del tracto respiratorio y penetran las membranas celulares, desencadenando procesos de inflamación que pueden culminar con la muerte celular, pero también con intensos procesos defensivos que producen lesión celular, incremento de secreciones, molestias locales, tos irritativa, etc.

A continuación se da la reparación, que puede durar varias semanas. En ocasiones, si los procesos de defensa no funcionan adecuadamente, pueden producirse infecciones más graves y complejas ocasionadas por otro tipo de microorganismos, las bacterias.

La mayoría de los procesos comienzan por la vía aérea superior (nariz, faringe, laringe, oído medio) y pueden extenderse a la vía aérea inferior afectando tráquea, bronquios y ocasionalmente el propio tejido pulmonar, configurando cuadros infecciosos conocidos como neumonías.

La presentación clínica de estas infecciones es variable, los signos van desde rinitis, odinofagia o disfonía, en las afecciones de la vía aérea superior, a la tos irritativa o productiva, la expectoración o el dolor torácico, representativos de procesos de la vía aérea inferior, entre los síntomas locales. Asimismo, aparecen síntomas generales como fiebre, cefalea y mialgias. Las personas que contraen influenza pueden presentar algunos o todos estos signos y síntomas.

CÓMO PREVENIR LA GRIPE

El modo de prevenir la influenza es a través de la vacunación. La vacuna de uso habitual contra la influenza se elabora con virus muertos a partir de tejido embrionario de huevo. Las vacunas contienen cepas de influenza A y B.

Las cepas que componen la vacuna en Argentina son las recomendadas por la Organización Mundial de la Salud de acuerdo con las cepas que se estima serán responsables del brote en la próxima temporada. Es de esperar que cada año haya una variación en las características antigénicas de estas cepas virales que obligan a cambios en la composición de la propia vacuna.

La inmunización contra la influenza debe repetirse todos los años. La indicación recomendada por el calendario en nuestro país comprende a los niños entre 6 meses y 5 años de edad y a los mayores de 65 años. Además, incluye a las embarazadas y puérperas, y a los portadores de enfermedades pulmonares, cardíacas, renales, hepáticas, cáncer, diabetes e infección por HIV de cualquier edad.

Además, existe la vacuna contra el neumococo. Este agente es la bacteria que más comúnmente produce neumonía en niños y adultos. Existen dos tipos de vacuna anti-neumocóccica, que se diferencian por el número de cepas que las componen y por su capacidad para prevenir el desarrollo de neumonías y de otras infecciones invasoras. La vacuna no conjugada contiene 23 cepas, si bien es capaz de prevenir infecciones invasivas su capacidad para generar defensa contra la infección en otras infecciones es discutida; la vacuna conjugada de uso extendido los últimos años es la 13 valente conjugada, esta es más efectiva para producir inmunidad, y a diferencia de lo ocurrido con la vacuna no-conjugada, ha demostrado su capacidad para prevenir tanto la infección invasiva como la no invasiva.

Ante la inquietud acerca de si las vacunas pueden producir gripe u otras complicaciones, los especialistas aseguran que estas son muy bien toleradas. Ocasionalmente la vacuna contra influenza puede ocasionar algún leve malestar en el cuerpo que raramente interfiere con las actividades de la persona y dolor leve en el sitio de inyección. Otros eventos adversos son extremadamente infrecuentes. La vacuna contra el neumococo como reflejo de la reacción inflamatoria que acompaña al desarrollo local de su efecto inmune produce algún dolor que cede en pocos días.

* Asesoramiento: Dr. Carlos M. Luna (M.N. 46388), ex-presidente y coordinador de la sección Infecciones Pulmonares de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria.

Bronquiolitis: cómo cuidar a los niños

Durante el invierno se registra una mayor circulación del virus sincicial respiratorio (VSR), uno de los principales causantes de la bronquiolitis, una enfermedad respiratoria que afecta especialmente a los niños pequeños. Daña las vías aéreas inferiores o bronquiolos, es de fácil contagio y se transmite de persona a persona por el contacto directo con secreciones nasales. Representa un riesgo para la salud pública por el gran número de hospitalizaciones en los bebés de alto riesgo. “Dos tercios de los menores de 2 años podrían verse afectados por este virus, pero hay que destacar que no ataca a todos por igual; son los infantes de riesgo los más vulnerables”, afirma el doctor Guillermo Colantonio, jefe de neonatología del Sanatorio Finochietto y coordinador de neonatología de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina (MN: 88422).

La bronquiolitis es una enfermedad estacional que “aparece en brotes epidémicos cada invierno y pueden durar hasta cinco meses. En Argentina casi no circula en otras épocas del año”, explica el especialista. La falta de ventilación de los espacios cerrados y la mayor permanencia en ellos a causa de las bajas temperaturas, pueden proveer condiciones ambientales que facilitan la transmisión de persona a persona.

Los principales síntomas de la bronqueolitis son: mucosidad nasal, tos, catarro, la respiración acelerada y con silbidos (sibilancias), fiebre con temperatura mayor a 38º, piel azulada o muy pálida, dificultad para alimentarse o dormir, entre otras. Ante la aparición de los primeros signos es fundamental consultar con el médico.

Los infantes de riesgo o la población más vulnerable a esta enfermedad son los bebés prematuros de bajo peso, “son bebés menores de 32-35 semanas y con un peso menor a 1.500 gramos”, aclara pediatra; o con ciertas afecciones pulmonares producto de haber recibido ventilación mecánica por largo tiempo, así como niños con cardiopatías congénitas. Esta población tiene un riesgo 4 a 5 veces mayor de hospitalización por infección por VSR respecto de los niños sanos, como también, más riesgo de evolución grave y complicaciones.

El virus sincicial respiratorio (VSR) es altamente contagioso, sobrevive horas en superficies no porosas como mesadas, ropa o juguetes, y entre 30 y 60 minutos en la piel.

Para prevenir la bronquiolitis no existe una vacuna, por eso es muy importante reducir la exposición del bebé al virus y para esto se recomienda:

- Impulsar y mantener la lactancia materna.

- Lavarse las manos.

- Evitar la contaminación ambiental con humo (ya sea humo de cigarrillo u otros).

- Evitar el hacinamiento.

- Concurrir a los controles rutinarios con el médico.

- Cumplir el Calendario Nacional de Vacunación y con las vacunas que determine el pediatra, tanto para el bebé como para quienes conviven con él.

- Solo para los más vulnerables: cumplir con el esquema completo de inmunización pasiva que actúa como un “escudo” para la protección de esta población.

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